Grit & Grace #74: ¿qué nos queda, cuando todo se derrumba?
Autoliderazgo en tiempos donde el dolor y la esperanza compiten por el mismo espacio
Desde el miércoles 24 de junio1 muchos tenemos la atención dividida entre dos dimensiones, la situación en Venezuela; y la de nuestras vidas, que siguen andando. Y en el medio de todo, y por todos lados, múltiples emociones en desorden absoluto.
Para mitigar el miedo y el malestar, los que estemos en condiciones, ofrezcamos solidaridad, empatía, generosidad y calma. Canalicemos estas emociones, en la medida que podamos, conectando con las personas que queremos. Extendamos nuestra presencia. Con creatividad, con donaciones, con acompañamiento, y con oración. Y, sobre todo, ayudando desde las fortalezas que nos sostienen, y no desde la angustia y la aprensión.
¡Hay tantas personas ayudando! Qué alegría. Se han creado varias plataformas para gestionar datos de desaparecidos y espacios para acompañar psicológicamente; hay ingenieros que revisan estructuras, perros que buscan desaparecidos. Médicos y profesionales de la salud, dando apoyo. Fundaciones y ONG´s que organizan los recursos para atender a heridos, a familiares que buscan a sus seres queridos, a niños sin padres, a mascotas. Hay periodistas explicando todo. Hay artistas creando arte. Hay de todo. También hay ayuda masiva de países y empresas.
No es ingenuo creer que existe gente buena.
En Venezuela, lo que está pasando, nos hace seguir creyendo. Cada donación, cada brigada de rescate, cada fundación movilizándose desde su área de competencia, sin esperar a que el Estado actúe2, es una prueba a favor de esta apuesta. A ayudarnos, apoyarnos y reconstruir-nos 💔.
La situación de Venezuela
Lo geológico explica el sismo. Pero el desastre y la tragedia van más allá… Llevamos décadas sintiendo que no podemos más. Hemos perdido nuestras empresas, nuestras carreras, nuestros hogares, incluso, a veces, nuestros recuerdos. Si, se van borrando. Se hacen grises… como el polvo y los escombros.
Estos terremotos remueven el cansancio, el escepticismo, la soledad y la tristeza. Se agitan y se combinan el agobio ante el populismo, la rabia ante la negligencia institucional, y la impotencia ante la crisis económica.
Sólo para ilustrar una más, de las muchas fuentes de ira: entre los escombros, rescatistas han encontrado columnas que por fuera parecían concreto y por dentro estaban rellenas de anime (de un material muy básico). Muchos de esos edificios pertenecen a la Gran Misión Vivienda Venezuela, el programa de vivienda social que Hugo Chávez lanzó en el 2011.
Es verdad que también colapsaron edificios mucho más antiguos, de los años 60 y 70, que nunca fueron reforzados tras el terremoto de Caracas de 1967. Pero por casi treinta años (desde 1998) el país se ha venido erosionando progresivamente:
No hace falta exagerar nada: los números, los de organismos como el FMI y el Banco Mundial, lo dicen:
La producción petrolera venezolana cayó de 3,1 millones de barriles diarios en 1998 a menos de 800.000 hoy3;
El PIB real se contrajo más del 80% de manera acumulada desde el inicio de la crisis.
La pobreza pasó de 45% en 1998 a más de 73% en los años más duros de la crisis.
Más de 7,7 millones de venezolanos han emigrado.
El daño de 28 años de populismo autoritario, disfrazado de “Socialismo del Siglo XXI”, no se mide en las cifras macroeconómicas que cité arriba. Los venezolanos sabemos lo que eso ha significado todos estos años: familias separadas, pobreza, desidia. Y ahora, con este terremoto, en las vidas que se han perdido, en las personas afectadas, en el dolor inmenso que sentimos. A todo esto no se le puede poner números. Es un trauma colectivo que sigue abierto.
Hemos llorado. Nos hemos quebrado. Nos hemos hundido en la depresión. Y más de una vez, hemos perdido la esperanza. Pero no por mucho tiempo. Porque somos un pueblo que hemos encontrado, no sé bien cómo, la forma de levantarnos. Nos hemos auto-inculcado resiliencia y reinvención constante. 4
Y en medio de todo esto, nos estamos reencontrando. Nos estamos volviendo a mirar como hermanos, sin colores políticos, sin etiquetas, sin las grietas que tantas veces nos separaron. Ya estamos cansados de todo esto. Queremos volver a confiar. Y salvarnos del miedo y de la intimidación. Queremos abrazarnos y darnos cuenta que tenemos una historia compartida, una idiosincrasia que sólo nosotros entendemos, y ahora, también, queremos dejar de resistir… para enfocarnos en un propósito más importante: reconstruir 🇻🇪.
Sobre el liderazgo y la “ayuda”
Lo estamos viendo. En la crisis y en el medio de la dificultad, cuesta mucho mantener la calma y la serenidad para tomar mejores decisiones. Y de aquí, hay varias lecciones de liderazgo que quiero resaltar.
El autoliderazgo en su forma más compleja y exigente no niega el dolor, no lo tapa con optimismo superfluo ni con condescendencia, pero tampoco permite que todo esto le consuma. Tenemos que decidir, todos los días, hacia dónde dirigimos nuestra energía. Hacia el odio y la parálisis, o hacia el amor entregado con responsabilidad.
Para algunas personas, no abandonar a Venezuela significa estar atento a las noticias o ayudar físicamente hasta el cansancio. Sentimos culpa si hacemos otra cosa.
Pero la realidad es que el autoliderazgo es un ejercicio que exige distinguir qué nos dice cada emoción. El líder que se conoce no elimina el dolor: aprende a leerlo, a darle un lugar, y después a moverse. Esa es la diferencia entre sufrir una crisis y atravesarla.
Si dejamos de cuidarnos, de trabajar, de volver a nuestras rutinas, disminuirá también nuestra capacidad para ayudar, para acompañar emocionalmente a quien lo necesita, para donar, y para impactar positiva e indirectamente a Venezuela. Si estas colapsado y agotado, no puedes ayudar.
¿Cómo coordinar?
En pocos días, varios países movilizaron recursos: Argentina con brigadas USAR y plantas potabilizadoras, México y Brasil con rescatistas y hospitales de campaña, Chile con brigadistas, Estados Unidos con 150 millones de dólares y equipos de respuesta ante desastres, la Unión Europea activando su sistema satelital Copernicus, Corea del Sur con ayuda financiera directa. España envió a la Unidad Militar de Emergencias (UME) 59 efectivos, ocho unidades caninas y un hospital de campaña de la AECID. La ONU, a través de OCHA, asumió el rol de punto central de coordinación bajo el Grupo Asesor Internacional de Búsqueda y Rescate.
Junto a esa ayuda internacional también hay mucho movimiento desde adentro y desde la diáspora. Por ejemplo Cáritas Venezuela y la Cruz Roja Venezolana. Y prácticamente en todas las ciudades en las que hay muchos venezolanos. En Santo Domingo, Doris Villarreal y Jacqueline Olivera nos mostraron desde adentro la organización de las donaciones en el Sambil. Nosotros la vimos igualmente en el Sambil de Madrid.
Coordinar todo esto no es sencillo. No basta con que la ayuda salga: hay que decidir qué entra primero y por dónde, clasificar lo que llega (no toda donación sirve para lo que se necesita en ese momento), distribuirla según prioridades que cambian hora a hora, y evitar que dos organizaciones terminen atendiendo el mismo edificio mientras otro, a tres cuadras, sigue sin nadie. Es, como una cadena de suministro: recepción, triage, transporte, entrega; construida desde cero, bajo presión, con actores que nunca antes trabajaron juntos.
Los vuelos comerciales entre Colombia y Venezuela quedaron cancelados desde la primera noche, dejando solo pasos terrestres y fluviales, lo que multiplicó esa complejidad logística. Y periodistas en Caracas reportaron que el segundo día fue, en sus palabras, más difícil que el primero: se hizo evidente cuánto trabajo de coordinación faltaba todavía por hacer.
¿Qué tiene esto que ver con liderazgo organizacional?
Todo. Porque lo que estamos viviendo en Venezuela es un caso de manual sobre los retos de coordinar a múltiples actores (gobiernos, ONG, fuerzas armadas, voluntarios independientes) sin una cadena de mando única, bajo presión extrema de tiempo, y con información incompleta.
Evidentemente no es igual en alcance el tipo de coordinación que exige la tragedia en Venezuela, con lo que enfrenta un líder en una organización. Pero sí muestra la necesidad de decidir con lo que hay, ajustar sobre la marcha, y aceptar que cierto desorden inicial es normal para poder actuar rápido.
Las organizaciones que mejor están respondiendo en esta tragedia no son las que tenían el protocolo más detallado. Son las que ya tenían, de antes, el hábito de comunicarse rápido y decidir con datos incompletos. Eso no se improvisa en la crisis. Se entrena y forma parte de la cultura.
🦉 Momento de sabiduría
Comparto este poema de Enrique Pascual, Facilitador y amigo, en la EEG:
No importa en qué, ni en quién creas.
Si esa fe te levanta cuando el suelo desaparece. Si te enseña a tender la mano antes que el juicio. Si convierte tu dolor en refugio para otros.
Cree.
Cree en Dios, en la vida, en la ciencia, en el amor, en un poema, en un amanecer... o empieza, simplemente, por creer en ti.
Porque toda fe verdadera deja el mundo un poco menos frío.
No es la creencia lo que engrandece al ser humano, sino lo que hace con ella.
Si tu esperanza no humilla, no divide, no siembra odio, sino que consuela, construye y enciende luz en medio de la oscuridad...
Entonces sigue creyendo.
Y cuando todo parezca perdido, cuando el miedo hable más fuerte que el corazón, recuerda esto:
Las noches no fueron hechas para demostrar que el sol ha muerto, sino para enseñarnos que la luz también sabe esperar.
Cree.
Cree en el mañana. Cree en la bondad. Cree en la posibilidad.
Y, sobre todo, cree en ti .
Porque el día que una persona descubre que puede convertirse en la esperanza de alguien más, el mundo cambia un poco... y ese cambio comienza siempre con un acto silencioso de fe.
📚 Lecturas recomendadas
Esta semana no recomiendo un libro, sino una práctica: buscar, entre tantas noticias, una historia cercana de ayuda real (una ONG, un rescatista, un vecino, un amigo). Algo que puedas ver y sentir. Guárdala en tu memoria. Cree en el Ser Humano.
🎯 Tu desafío de la semana
Identifica una fortaleza y ofrécela esta semana a alguien que la necesite.
Y, por otro lado, revisa si tu organización tiene un protocolo de coordinación en crisis y si tus equipos saben tomar decisiones aunque la información no esté completa.
No es fácil 😞😭. Tengamos grit & grace.
El terremoto ocurrió a las 6:04 de la tarde. Fueron dos terremotos casi pegados: uno de magnitud 7,2 y, 39 segundos después, otro de 7,5. Ocurrieron sobre el sistema de fallas de Boconó. La falla de Boconó, explican los geólogos (tengo varios amigos geólogos que lo comentan en nuestros grupos GID y GUF) es una de las tres grandes líneas (junto a San Sebastián y El Pilar) donde la placa del Caribe y la placa Suramericana chocan y se empujan. Los números son terribles. En este momento que escribo, hay más de 1.800 fallecidos, miles de heridos, 50.000 desaparecidos. Y como indico aquí… los números no muestran la dimensión de la tragedia, el tamaño del dolor, del vacío, y del desasosiego que sentimos. Hay zonas enteras que se han vuelto sólo escombros en La Guaira, Catia La Mar, Caraballeda.
Ya sabemos que no podemos contar con el Estado. No hará nada, o peor… bloqueará los esfuerzos de la sociedad civil organizada, de los países y de las distintas instituciones que nos quieren ayudar.
En 1998 (antes de Chávez): Venezuela producía cerca de 3,5 millones de barriles diarios. Para diciembre de 2025 (antes de la captura de Maduro, ocurrida el 3 de enero de 2026): la producción había caído a 800.000-880.000 b/d. Y después de la captura de Maduro (enero 2026), con apoyo de EE.UU., la producción ha a subido a 1,06 millones.
Para ser “light” digamos que me causa gracia cuando un profesor quiere enseñar resiliencia y reinvención después de un fracaso… a los venezolanos. Hace poco, en una clase del programa de Empresarias 360 en Madrid, tuvimos una sesión denominada “gestión del éxito y del fracaso”. Muy agradecida por la sesión. Estuvo muy bien. Creo que todos los venezolanos podemos dar esa clase.










Oramos por Venezuela, oramos por las personas que están ayudando, que Dios los ilumine a tomar mejores decisiones en ese momento, no tenemos tiempo para errores. Excelente 👌 G&G nos explica la situación y nos da aliento a seguir. A los que creemos que llevar una caja de gaza o guantes no es suficiente, si lo es, si todos nos unimos, si lo es. Me hizo pensar en el Liderazgo, que bien lo refieres con esta tragedia. Mucho que aprender. Gracias y Dios proteja y guíe a todos los que estan aportando y ayudando. Bendiciones!
A la distancia, pero profundamente conectada con el dolor que hoy nos mantiene el corazón arrugadito a los venezolanos. De estas grandes catástrofes y tragedias colectivas le temo al contraste entre la intensa ola de solidaridad inicial, los focos del mundo, la ayuda y la empatía inmediata, frente al silencio ensordecedor que llega meses después, cuando el foco se apaga y las personas se quedan a solas con los escombros de su realidad.
Agradezco infinitamente la ayuda actual, y oro por lo que viene después. Aún no hemos dimensionado los efectos de estos 55 segundos de temblor que dejaron a tantos sin hogar, sin su entorno cotidiano y sin los pedazos de historia que construían su identidad. Es una forma de muerte en vida, un tener que reinventarse desde la nada más absoluta.